Resumen de El sombrero de tres picos (Pedro Antonio de Alarcón)


El sombrero de tres picos es una novela tragicómica que narra la historia entre la molinera y el corregidor, o el molinero y la corregidora. Un triángulo amoroso que se enreda por las circunstancias accidentales y procedimientos casuales que envuelven a las dos parejas.

1. Cuando sucedió la cosa

La historia se desarrolla a principios del siglo XIX, 1805 para ser exactos, cuando Napoleón creaba y suprimía naciones durante sus conquistas, borrando fronteras y creando distancias de nombre, de sitio y de costumbres. En España se enteraban de sus hazañas por la Gaceta diaria, pero por lo demás, los mayores vivían a la antigua usanza española, apegados a sus costumbres en paz y en gracia de Dios con su Inquisición.

Gobernados por obispos y poderosos corregidores que parecían lo mismo. Pero parecía como si en medio de tantas novedades y trastornos, el Pirineo era una muralla China.

2. De cómo vivía entonces la gente

En un lugar de Andalucía, donde se desarrolla la historia, la gente distinguida se levantaba muy temprano para ir a misa, almorzando a las 9:00 de la mañana y comiendo a las 2:00 pm; después venía la siesta, luego el paseo por el campo, luego al rosario tomando chocolate a la oración, luego asisten a la tertulia del corregidor y se retiran a casa con el toque de queda.

Dichosos tiempos aquellos de paz y quietud, con variedad de clases, de afectos y costumbres.

3. Do ut des

En aquel tiempo había un famoso molino harinero cerca de la ciudad que pertenecía al tío Lucas. El molinero era un hombre muy respetuoso, discreto, fino y tenía el don de gentes.

Regidores, canónigos, frailes, escribanos y demás personas de campanillas solían honrar al tío Lucas con tertulias vespertinas, y éste les ofrecía pan, aceite, almendras, melones, uvas, castañas, nueces, jamón y vino. Dado que en esas épocas se pagaban contribuciones a la iglesia y el estado, el molinero se ahorraba un dineral al año a fuerza de agasajar a todo el mundo.

4. Una mujer vista por fuera

Una poderosa razón por la que visitaban al molinero, era para admirar a su bella esposa, la señora Frasquita. Legítima esposa del tío Lucas, mujer de bien, muy guapa, agraciada, simpática, sencilla, vestía como las mujeres de las pinturas de Goya y tenía una voz de melodioso instrumento. Ni la señá Frasquita ni el tío Lucas eran andaluces, ella era navarra y él murciano. El Tío Lucas llegó a la ciudad cuando tenía 15 años como medio criado del obispo anterior y cuando éste murió, le heredó el molino. En 1793, por empeño militar, el molinero permaneció largo tiempo en las provincias del Norte y en Estella conoció, enamoró y se casó con la Señá Frasquita. Después regresaron juntos a la ciudad para trabajar su molino harinero.

5. Un hombre vestido por fuera y por dentro

El tío Lucas era extremadamente feo pero muy simpático y agradable. Al tío Lucas le fue muy fácil rendir el corazón de Frasquita, a pesar de que tenía muchos pretendientes ricos, pues sus ocurrencias chistosas, su constante sonrisa, sus continuos desaires lo hacían ver atrevido, locuaz, avisado, dispuesto, valiente y gracioso, y terminó por conquistar el corazón de todos. Era de pequeña estatura y un poco jorobado, su dentadura era perfecta y parecía que la corteza de aquel hombre era tosca y fea, pero tan pronto se penetraba dentro de él, aparecían sus perfecciones.

Tenía una voz vibrante, elástica, atractiva, varonil y grave, dulce y melosa y decía todo oportuno, discreto, ingenioso y persuasivo.

6. Habilidades de los dos cónyuges

La pareja era muy feliz y se amaban locamente como dos niños camaradas de juego y diversiones. Ella hacía los quehaceres de la casa, sabía cantar, bailar, tocar guitarra y castañuelas.

Él podía dirigir la molienda, cultivar, cazar, pescar, trabajar de carpintero, de herrero. También le gustaban las flores y parecía tener un don para la jardinería. En el molino había una huerta que producía todo tipo de frutos y legumbres, con un estanque en una especie de kiosko de jazmines. Tenían dos burras, horno, telar, taller de carpintería, etc. Todo ello en una casa de ocho habitaciones.

7. Fondo de la realidad

Frasquita adoraba al tío Lucas, aunque fuera feo. Lo celaba cada vez que regresaba tarde o de sus viajes. Él por su parte, confiaba plenamente en su virtud a pesar de que su mujer era codiciada por su gran belleza. Lucas era todo un hombre como el de Shakespeare de pocos e indivisibles sentimientos; incapaz de dudas que creía o moría, que amaba o mataba, era un Otelo de Murcia.

8. El hombre de tres picos

Una tarde, después de las 2:00 pm, todos tomaban su siesta excepto el corregidor, Don Eugenio de Zúñiga y Ponce de León, y el alguacil Garduña. Ambos llevaba un sombrero de tres picos, como se utilizaban en aquella época, aunque el del corregidor era de un tamaño descomunal. El corregidor vestía con una capa roja, era de Madrid, casi jorobado y de pies arqueados, de rostro regular, bastante arrugado por falta de dientes y muelas, con grandes ojos que reflejaban la lujuria, la cólera y el despotismo. Garduña tenía 49 años, era flaco, agilísimo observador, de diminuto y repugnante rostro y parecía un hurón. Ya había sido alguacil de cuatro corregidores y parecía la sombra de su vistoso amo.

9. ¡Arre burra!

Por dondequiera que pasara el corregidor y su apéndice, la gente le rendía respeto, sobre todo por miedo. Una pareja de labriegos, Josefa y Manuel, se extrañaban de que el corregidor fuera al molino solo; sospechaban que estaba enamorado de Frasquita y comentaban que Lucas era un hombre de bien y no convendría verlo enojado por las atenciones hacia su esposa.

10. Desde la parra

Lucas sabía que el corregidor estaba enamorado de Frasquita y ello le halagaba mucho. La pareja se divertía mucho haciendo comentarios al respecto y Lucas advirtió que no sabría qué hacer si Frasquita lo dejaba por otro, pero sabría que ella cambió y por tanto no la querría más. Al ver que el corregidor venía solo al molino, Lucas sospechó que venía para declarar su amor, por tanto, ambos coinciden en jugar con el corregidor. Frasquita alentaría los sentimientos de Don Eugenio mientras que Lucas se escondería para escuchar lo que tiene que decir el corregidor y reír mucho después.

11. El bombardeo a Pamplona

Cuando el corregidor preguntó por Lucas, Frasquita dijo que estaba dormido. Ella le preguntó por el nombramiento de su sobrino para secretario del ayuntamiento, pero Don Eugenio advirtió que era muy complicado hacerlo y entonces aprovechó para decirle que no hacía otra cosa más que pensar en ella, como un bombardeo a Pamplona. Frasquita contestó preguntando por su mujer, quien según Lucas, era muy guapa también, pero muy celosa e impositiva. El corregidor dijo haber dejado de amar a su mujer en el momento que conoció a la navarra, trató de tomar su mano pero ella lo rechazó fuertemente y Don Eugenio cayó al piso. Entonces Lucas se asomó de su escondite y atendió al corregidor, quien se enfadó con Frasquita al pensar que Lucas había escuchado todo, pero el molinero aclaró que estaba profundamente dormido cuando de pronto escuchó la caída del corregidor.

12. Diezmos y primicias

Una vez repuesto el corregidor en su silla, la pareja le ofreció las uvas de la nueva cosecha que pensaban darle al obispo. Pronto llegó el obispo acompañado de su secretario y dos familiares. La tradicional tertulia en el molino dio inicio mientras discutían temas como la otoñada, una posible guerra entre Napoleón y Austria con la creencia de que las tropas imperiales no invadirían el territorio español.

13. El dijo, el grajo al cuervo

Al caer la noche, los invitados del molino se retiraron. En el camino comentaban lo guapa que era Frasquita y el delirio de amor que sentía el corregidor por ella. Conforme se iban despidiendo, los que continuaban en su camino a casa comentaban que Frasquita les gustaba mucho y lo guapa que era.

14. Los consejos de Garduña

Entretanto, Garduña le aseguraba al corregidor que Frasquita correspondía su amor. La carta fuerte de Don Eugenio era el nombramiento del sobrino. Garduña confirmó que el molino pertenecía a otra jurisdicción por tan sólo unos cuantos metros, así que comenzaron a mecanizar un plan para ver a Frasquita a solas:

Primero enviarían una carta con el nombramiento del sobrino, después otra carta para Juan López, un borracho sin vergüenza que era alcalde de la ciudad, para seguir las instrucciones del alguacil. Garduña avisaría a la esposa del corregidor que éste no volvería por la noche con el pretexto de realizar una guardia nocturna, calculando que a las 8:30 estaría en el molino y regresaría a casa antes de las 6:00 am.

Garduña le recomendó al corregidor que entrara por la puerta del molino que da al canal de agua, el caz, por si el Tío Lucas regresaba imprevistamente.

15. Despedida en prosa

Serían las 9:00 pm de aquella misma noche y la pareja del molino se disponía a descansar cuando un alguacil, Toñuelo, demandó que abrieran la puerta al instante. Toñuelo dijo que Lucas tenía que acompañarlo para ver a Juan López, pues llevaba una orden para averiguar un problema de brujería o moneda falsa. Lucas propuso ir al día siguiente, pero Toñuelo aclaró que debían marcharse en ese instante. A la pareja le pareció muy extraño y cuando Frasquita dijo que iría al pueblo a pedirle ayuda al corregidor, Lucas se negó rotundamente, fue a emparejar su burra y se despidió de su mujer con una amable sonrisa.

16. Un ave de mal agüero

Rumbo a casa del alguacil, Lucas alcanzó a ver a Garduña con su sombrero de tres picos, pero éste, al verlo, corrió hacia otro lado. Toñuelo pretendió no haber visto a nadie y Lucas le siguió el juego para no crear sospechas, pues comprendió que el corregidor había planeado todo para quitarlo del camino y poder ver a Frasquita. Lucas pensó que su mujer no le abriría la puerta por nada del mundo y que sería conveniente regresar lo más temprano posible a casa.

17. El alcalde de Monterilla

El señor Juan López era conocido por su tiranía, ferocidad y orgullo personificado. A aquellas horas, después de despachar los asuntos oficiales y de pegarle a su mujer la cotidiana paliza, se bebía un cántaro de vino en compañía de su secretario y del sacristán. Cuando trajeron al tío Lucas, Juan López lo recibió con mucha cordialidad, lo cual hicieron aumentar las sospechas del molinero, y dijo que tendría que pasar la noche allí porque arreglarían los asuntos hasta mañana. Lucas no objetó nada y accedió amablemente, pidiendo que lo dejaran dormir en el pajar para no ocasionar molestias. Toñuelo lo acompañó a su aposento temporal y Juan López se sintió satisfecho de haber cumplido la misión del corregidor sin contratiempos.

18. Donde se verá que el tío Lucas tiene el sueño muy ligero

Cinco minutos después, Lucas salió por la ventana, se montó en su burra y salió como flecha hacia el molino. Pero no se fue por el camino ordinario, para evitar un encuentro desagradable, sino por los matorrales y campos.

19. Voces calmantes en el desierto

El tío Lucas estaba muy desconcertado por los últimos sucesos y pensó que al día siguiente debía dar aviso al obispo de la alcahueteada de las autoridades. La inseguridad lo invadió al pensar que su esposa podría engañarlo, pues si Frasquita se había casado con él que era tan feo, podría gustarle el corregidor que también era feo. Entre los matorrales, cerca del molino, su burra rebuznó y escuchó otro burro rebuznar. Lucas alió disparado al lado contrario y al llegar al molino encontró la puerta abierta.

20. La duda y la realidad

Al entrar al molino, el tío Lucas vio la chimenea encendida, se encontró con la ropa del corregidor: su capa, sus pantalones, sus calzoncillos, su sombrero de tres picos y su arma. Sobre la mesa yacía la carta con el nombramiento del sobrino de Frasquita y fue entonces cuando Lucas comenzó a dudar de su esposa. Subió las escaleras que llevaban a la habitación principal y escuchó al corregidor toser. Se asomó por el cerrojo de la llave y visualizó al corregidor tendido en la cama sin ropa. Lucas volvió a bajar y tomó el arma de Don Eugenio, pero pensó en las terribles consecuencias que vendrían de un acto pasional, la horca y la burla, así que dejó el arma sin dejar de pensar en su venganza. De pronto se le ocurrió vestirse con la ropa del corregidor, fue rumbo a la ciudad y pensó que la corregidora también era guapa.

21. En guardia caballero

Por otro lado, lo que en realidad pasó fue que Frasquita estaba esperando a su marido cuando de pronto escuchó unos gritos de auxilio provenientes de la puerta que daba al canal de agua. Se asomó, pensando que podría ser Lucas y al ver al corregidor se molestó mucho. Don Eugenio quería que lo dejara pasar porque estaba todo mojado y le enseñó la carta con el nombramiento. Esto sólo enfureció más a Frasquita y lo amenazó de avisarle a su esposa. El corregidor sacó una pequeña pistola para amenazarla y Frasquita bajó a abrirle la puerta, pero lo enfrentó valientemente en cuanto entró. Don Eugenio estaba morado y titiritando del frío porque sus ropas estaban empapadas y de pronto, cayó desmayado al piso. Frasquita estaba confundida y no sabía que explicación daría si el corregidor moría allí o si Lucas lo encontraba dentro de la casa. La navarra emparejó su burra, avisó a Garduña que el corregidor estaba malo y que iba a la ciudad por un doctor cuando en realidad iba a buscar a Lucas.

22. Garduña se multiplica

El corregidor volvía a reaccionar cuando Garduña entró. Don Eugenio le pidió ayuda y Garduña prendió el fuego en la casa, lo tomó en brazos hasta dejarlo en la cama y lo desvistió. Le dijo a su amo que Frasquita había ido a buscar un médico a la ciudad y entonces el corregidor le ordenó que la detuviera porque, probablemente, ella iba a acusarlo con su mujer. Garduña salió rápidamente a la ciudad y es en este lapso cuando el molinero llegó a su casa y vio visiones por el cerrojo de la puerta.

23. Otra vez el desierto de las consabidas voces

La única aventura que le ocurrió a Frasquita fue asustarse cuando notó a alguien en la maleza y su burra rebuznó. Como pensó que podía ser un espía del corregidor, salió disparada para el otro lado y a las 11 de la noche llegó a casa de Juan López para buscar a su esposo.

24. El rey de entonces

Toñuelo despertó al alcalde porque Frasquita estaba esperando ver a su marido. Juan López estaba desconcertado y Frasquita le aclaró que estaba enterada de su complicidad con el corregidor y amenazó con ir al día siguiente a Madrid para dar aviso a las autoridades de la injusticia cometida en contra de su familia. Toñuelo regresó alarmado porque no encontró a Lucas en el pajar, fue entonces cuando Frasquita comprendió que se había cruzado con su esposa y sólo las burras pudieron reconocerse. Ahora temía por la vida del corregidor por una posible violenta reacción de su esposo. Juan López, Toñuelo y Frasquita se dirigieron de regreso al molino para ordenar la situación.

25. La estrella de Graduña

Garduña no encontró a la señora Frasquita por ninguna de las calles de la ciudad y ordenó a los guardias del corregidor que no dejaran a nadie pasar bajo ninguna circunstancia. Lucas estaba escondido cuando Garduña daba sus instrucciones y en su mente repetía la diabólica frase “También la corregidora es guapa”. Cuando Garduña se marchó, Lucas alió de su escondite y entró en casa del corregidor.

26. Reacción

Garduña le informó al corregidor que Frasquita no estaba en la ciudad y probablemente los engañó a todos para ir con su marido. Don Eugenio se sintió aliviado al respecto y tomó la decisión de que a la mañana siguiente enviaría a la pareja a las cárceles de la Inquisición. Después le ordenó a Garduña que le trajera su ropa.

27. Favor al rey

Cuando Juan López, Frasquita y Toñuelo llegaron al molino, el corregidor estaba vestido como el tío Lucas y en medio de la confusión de la noche, Juan López lo atacó y Frasquita trató de defenderlo pensando que era su Lucas. Garduña logró separarlos y el corregidor, muy enfadado, dijo que enviaría a todos a la horca. Pronto concluyeron que el Tío Lucas había robado las ropas del corregidor y posiblemente había ido a casa de Don Eugenio. Frasquita comprendió que su esposo la creía deshonrada y que éste sería capaz de todo por vengarse, incluso, hacerse pasar por el corregidor para ir con la esposa de éste.

28. Ave María purísima, ¡Las doce y media y sereno!

Al llegar a casa de la corregidora, Don Eugenio tocó la puerta con gran ímpetu revelando su verdadera identidad. La ama de llaves se asomó por la ventana y no quiso abrir porque decía que el corregidor había regresado a casa hace mucho tiempo y estaba en el dormitorio con la corregidora. De pronto salieron unos guardias y en medio de la confusión de la noche, le volvieron a dar una paliza al corregidor, a Juan López, a Garduña y a Toñuelo. Frasquita se había apartado a llorar por la desgracia que le acontecía.

29. Post Nubila… Diana

La corregidora se asomó por la ventana para pedir que dejaran pasar a los alborotadores, pues el “corregidor” así lo había dispuesto.

Don Eugenio Zúñiga se encontraba en medio de una situación vergonzosa que debía aclarar a pesar de su orgullo.

30. Una señora de clase

La esposa del corregidor era una mujer joven y hermosa que tenía algo de reina y mucho de religiosa, pues su verdadera vocación era convertirse en monja, pero su familia la indujo a casarse con el viejo. Era hija, nieta, biznieta y tataranieta de los que conquistaron la ciudad y se llamaba Doña Mercedes Carrillo de Albornoz y Espinosa de los Monteros.

La corregidora se había esmerado en dar tinte ceremonioso y de solemnidad teatral que contrastaba con el carácter grosero y villano de la aventura de su marido.

31. La pena del Talión

La esposa del corregidor continuó con el engaño planeado para poner en evidencia a su esposo, tratándolo como si fuera el tío Lucas y aclarando que su “esposo el corregidor” había regresado a casa hace muchas horas. Don Eugenio se exasperó y llamó a Garduña para que arrestara a todos, pero éste había desaparecido.

Tras una serie de humillaciones, Doña Clara finalmente aceptó que en el supuesto de que el corregidor fuera el que venía vestido del Tío Lucas, debía de dar una buena explicación de sus actos. Frasquita intentó intervenir para dar explicaciones, pero la corregidora aclaró que sus explicaciones debía dárselas a su marido, quien entró al salón vestido como el corregidor.

32. La fe mueve montañas

Cuando el tío Lucas entró, todos observaron el enorme parecido entre él y el corregidor. Juan López no pudo evitar soltar una carcajada de la escena. Don Eugenio sintió aquel nuevo agravio y se lanzó sobre Lucas. Frasquita se interpuso entre los dos para defender a su marido, pero Lucas todavía no sabía la verdad y le preguntó a su mujer si ya le había enviado el nombramiento a su sobrino. En ese momento, Frasquita lo escupió y le dijo que lo despreciaba y fue entonces cuando comprendió que, talvez, había malinterpretado las cosas y una luz de esperanza apareció en su interior. Frasquita se soltó a llorar en los brazos de la corregidora, Lucas también lloró y después todos los presentes comenzaron a llorar: Don Eugenio, Juan López y todos los demás.

33. Pues ¿y tú?

Las dos parejas comenzaron a reprocharse entre sí para que dieran explicaciones de sus actos sin llegar a nada, hasta que la corregidora mandó a callar a su esposo para poder aclarar la situación y devolverle al tío Lucas la paz. Frasquita afirmó que sus burras, quienes se cruzaron en el camino y se reconocieron, eran sus testigos de que no había pasado la noche con el corregidor. Lucas recordó el incidente y le pidió perdón a su esposa, pero ella le advirtió que en casa le tocarían mayores reprimendas. Juan López y Toñuelo respaldaron el testimonio de Frasquita. Entre tanto, Don Eugenio demandaba una explicación también, pero Mercedes no quiso dársela y pidió que intercambiara sus ropas con el tío Lucas.

34. La corregidora también es guapa

Mientras los esposos intercambiaban sus ropas en otra habitación, la corregidora y sus sirvientes le contaron a Frasquita lo que realmente ocurrió: Lucas logró engañar al portero y se ocultó debajo de la cama del dormitorio, pero fue descubierta por el ama, quien hizo llamar a los guardias al pensar que podría ser un ladrón. Doña Mercedes distinguió al tío Lucas y éste, al confesar sus verdaderas intenciones y lo ocurrido en el molino, recibió una fuerte bofetada. Cuando los ánimos se calmaron, acordaron todos continuar con el plan de engaño para emboscar al corregidor.

35. Decreto Imperial

Don Eugenio y Lucas regresaron a la sala y Frasquita le dio un pellizco amoroso a su marido. Doña Mercedes despidió a la pareja reconciliada y a todos los presentes. A pesar de que el corregidor demandaba que el tío Lucas fuera detenido hasta no recibir una explicación, nadie obedeció sus demandas porque esperaban las órdenes de Doña Mercedes.

Una vez solos, la corregidora dijo que nunca sabría lo que realmente ocurrió entre el tío Lucas y ella. Entre tanto, jamás volvería a dormir con su esposo y por respeto a sus hijos, no lo botaba por la ventana. El pobre hombre se quedó plantado en medio de la sala, solo, y pensó que a pesar de todo, la había librado bien.

36. Conclusión, moraleja y epílogo

Ya amanecía cuando Frasquita, Lucas y sus dos burras regresaban al molino. El molinero le pidió a su esposa que tirara la cama y las sábanas donde había estado el corregidor, y Frasquita le pidió a Lucas que la llevara en el verano a tomar los baños del Solán de Cabras para poder embarazarse.

Por la tarde recibieron visitas inesperadas después de semejante escándalo. El venerable prelado, muchos canónigos, el jurisconsulto, dos priores de frailes y otras varias personas, que luego se supo, habían sido convocadas allí por su ilustrísima. El señor obispo tomó la palabra para decir que seguirían visitando al molinero, pues el profano había sido el corregidor. Asimismo exhortó paternalmente a la señá Frasquita para que fuese menos provocativa y tentadora en sus dichos y ademanes, y al tío Lucas lo aconsejó mayor desinterés, más circunspección y menos modestia en su trato con los superiores, y acabó dándole la bendición a la pareja y disfrutando de los manjares que le ofrecían.

Cerca de tres años continuaron estas reuniones, hasta que contra la previsión del mundo entraron en España los ejércitos de Napoleón y se armó la guerra de la independencia.

El señor obispo, el magistral y el penitenciario murieron el año 8, y el abogado y los demás contertulios en los 9, 10, 11 y 12, por no poder sufrir la vista de los franceses, polacos y otras alimañas que invadieron aquella tierra.

El corregidor, que nunca más regresó al molino, fue destituido por un mariscal francés y murió en la cárcel de la corte por no haber aceptado la dominación extranjera.

Doña Mercedes no se volvió a casar y educó perfectamente a sus hijos, retirándose a la vejez a un convento.

Garduña se hizo afrancesado.

Juan López fue guerrillero y mandó una partida y murió, al igual que el alguacil, en la famosa batalla de Baza.

Finalmente, el tío Lucas y la señá Frasquita, aunque no llegaron a tener hijos, siguieron siempre amándose del propio modo y alcanzaron una edad muy avanzada, viendo desaparecer el absolutismo en 1812 y 1820, y reaparecer en 1814 y 1823, hasta que por último se estableció el sistema constitucional a la muerte del rey absoluto y ellos pasaron a mejor vida, al estallar la guerra civil de los Siete años, sin que los sombreros de copa que ya usaba todo el mundo pudiesen hacerles olvidar aquellos tiempos simbolizados por el sombrero de tres picos.

Personajes

Tío Lucas: Personaje principal. Encargado del molino en la provincia de Andalucía. Hombre muy respetuoso, discreto, muy listo, fino, oportuno, ingenioso, persuasivo. y tenía el don de gentes. Extremadamente feo, un poco jorobado, pero muy simpático y agradable.

Frasquita: Personaje principal. Esposa del tío Lucas. Mujer de bien, muy guapa, agraciada, simpática, sencilla, vestía como las mujeres de las pinturas de Goya y tenía una voz de melodioso instrumento. Ella era navarra y amaba a su esposo, pues a pesar de haber tenido muchos pretendientes, el fresco carácter del tío Lucas, la enamoró por siempre.

Don Eugenio: Personaje principal. Corregidor de la ciudad. Casi jorobado y de pies arqueados, de rostro regular, bastante arrugado por falta de dientes y muelas, con grandes ojos que reflejaban la lujuria, la cólera y el despotismo. Estaba enamorado de Frasquita y armó un plan para tratar de conquistarla a base de sobornos, engaños y abuso de autoridad.

Doña Mercedes: Personaje principal. Esposa del corregidor. Era una mujer joven y hermosa que tenía algo de reina y mucho de religiosa, con vocación de monja, pero su familia la indujo a casarse con el corregidor. Era hija, nieta, biznieta y tataranieta de los que conquistaron la ciudad y se llamaba Doña Mercedes Carrillo de Albornoz y Espinosa de los Monteros. De carácter bondadoso, comprensiva, elegante y de mucha clase.

Garduña: Personaje secundario. Alguacil de la ciudad y fiel allegado al corregidor. Tenía 49 años, era flaco, agilísimo observador, de diminuto y repugnante rostro y parecía un hurón. Ya había sido alguacil de cuatro corregidores y entre el corregidor y él traman el engaño para enamorar a Frasquita y alejar a Lucas.

Fuente