Resumen de Cuarteles de invierno (Osvaldo Soriano)


Esta espléndida novela nos cuenta la historia de dos hombres, un boxeador venido a menos y en ocaso de su carrera y un cantante de tangos con cierto nombre en la capital, que son contratados para la fiesta de un pueblito chico del interior -Colonia Vela- organizada por los militares que controlan todo, con la venia de los poderosos del pueblo.
Dos personajes de antología, solitarios pero con una dignidad a toda prueba, que de a poco se van viendo envueltos en problemas con el mandamás del pueblo y los militares, que se sienten dueños de todo y cometen todos los abusos y atropellos propios de esa época. Muy bien narrada, se experimenta el miedo de la gente y la impunidad de las fuerzas armadas que mataban y amedrentaban a cualquiera que osara pensar distinto.

Galván, el cantante, y Rocha, el boxeador, dos personas que debieran por sus oficios estar al margen de la política, se ven inmersos en un mundo autoritario y brutalmente dictatorial que casi les cuesta la vida. Impactante es la entrevista de Galván con el militar de más rango, quien le dice que abandone la ciudad debido a sus negros antecedentes que constaban en una carpeta llegada de la capital, lo que sorprende sobremanera a Galván, tan ajeno a todo eso, situación que debió ser una escena tantas veces repetidas en la realidad, con las injustas acusaciones y exoneraciones de opositores a los regímenes dictatoriales sudamericanos.

Galván, el cantante de tangos y Rocha, el Goliat del ring, torpe, tonto y con la ternura del oso polar de la tele, se van a ganar un poco de pasta fácil a Colonia Vela, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, Argentina. No se conocen y no tienen nada en común aparte de estar acabados y haber recibido la invitación del capitán Suárez.

Todo parece fácil. Pero enamorarse de la hija del doctor Avila Gallo, darse piñazos con el milico más querido del pueblo y de repeso no firmarle un autógrafo al gordo, le traen problemas a cualquiera. Sobretodo si las Fuerzas Armadas quieren restablecer el orden colgando del cuello con una correa a los crotos, chamuscándole los vellos genitales a los tercos y fusilando a los más jóvenes por revoltosos.

Relato de perdedores y amigos, Cuarteles de invierno, la tercera novela de Osvaldo Soriano explora un estado de dictadura sin necesidad de recorrer los pasillos de la Casa Rosada o el suelo de tierra repujada de la fortaleza de un patriarca que le vende el mar a los gringos.

Soriano explora los matices del régimen desde un punto de vista inusitado: el de un cantante de tangos que termina envuelto en un conflicto de resentimientos y arbitrariedades por no agachar la cabeza en el momento justo.

Soriano entrega una novela que no se preocupa por presentar un panorama total, opresivo y con tinte panfletario de su país. Al contrario Cuarteles de invierno es novela de personajes entrañables, sin banderas políticas ni nada que se le parezca, son hombres con las ganas de vivir y amar, intactas.

Extranjeros sin juicio Galván y Tony Rocha, el boxeador que viene a enfrentarse con Marcial Sepúlveda para poder aspirar al titulo, están en el lugar equivocado, no saben que al bajar del tren las reglas del juego son otras, y el orgullo y las pequeñeces son cosas de insensatos en un pueblo que celebra sus mejores fiestas, luego de mucho tiempo, con el patrocinio de las Fuerzas Armadas.

Rabia, humor, cinismo y cariño. Cuatro elementos que aparecen en cada página con la contundencia de una historia estructurada como el mejor filme del cine clásico, tan absoluta como Casablanca, y una calidad visual que permite que los personajes se dibujen por tomas, planos generales, cerrados y medios desde el primer párrafo.

En Rocha, por obra de los caprichos se puede encontrar la torpeza de Rocky Balboa y su voz de tonto en los doblajes de la primera parte. En Galván una mezcla de Gardel y Humprey Bogart, reducidos a un músico que está a punto de convertirse en una imagen de archivo o una curiosidad de cantina.

La historia se narra en primera persona, con el humor de un Bierce y la soledad de un Extranjero, sin la necesidad de asistir a un velorio o matar de un tiro a un árabe. La escritura es clara y enviciadora, las frases se encadenan como si los puntos fueran cortes de edición, cada capitulo se une al otro por algún elemento suelto o una sensación guardada de las lineas anteriores.

Los diálogos producen un efecto de choque, broma y tensión, y se integran al relato con una facilidad natural, real, que crean el milagro del sonido en el papel.

Fuentes: elosvaldos.blogspot.com y El Tiempo